No todos los espacios de trabajo se diseñan desde dentro, algunos se diseñan mirando al exterior.
En Barcelona la ciudad y el mar van de la mano. El Mediterráneo forma parte de su paisaje, su identidad y de la forma de vivirla ¿por qué no incorporarlo también a la jornada de trabajo?
En barrios como la Barceloneta, esa conexión forma parte del día a día. El mar está presente en el camino a la oficina, en una pausa, o simplemente, al levantar la vista del ordenador.
En Utopicus Torre Marenostrum, este entorno fue el punto de partida. Una zona que vive de cara al mar y que ha sabido conservar su identidad a lo largo del tiempo.
La Barceloneta: una identidad construida junto al Mediterráneo
La relación de la Barceloneta con el mar no es nueva. Nacida en el siglo XVIII como un barrio vinculado a la actividad portuaria y pesquera, sus calles estrechas y buena parte de su vida cotidiana están marcadas por esa proximidad al litoral.
Esta conexión ha ido evolucionando al ritmo que lo hacía la ciudad, con una transformación decisiva a finales del siglo XX, por la celebración de los Juegos Olímpicos, que impulsaron la recuperación del frente marítimo y abrieron la zona a nuevos usos.
Desde entonces, sigue desarrollándose sin perder el carácter que la distingue. Ese pasado marinero convive hoy con restaurantes, pequeños comercios, turismo y nuevas formas de vivir y trabajar junto al Mediterráneo.

Utopicus Torre Marenostrum: una playa urbana desde la que trabajar
Utopicus Torre Marenostrum recoge la esencia de la zona y la traslada al espacio de trabajo. Un proyecto que toma referencias de la luz, los colores, las texturas y el ritmo de vida de la Barceloneta para incorporarlos al día a día laboral.
De la mano de Turull Sørensen, el concepto de “playa urbana” se materializa en la volumetría, los materiales y una paleta cromática inspirada en el paisaje. Las formas curvas y los pasos semicirculares acompañan los recorridos por el espacio y dirigen la mirada hacia el exterior, siguiendo la propia fluidez de la arquitectura de Torre Marenostrum.
Así, la conexión entre ciudad y Mediterráneo no se queda al otro lado de las ventanas. Entra en el interior y da forma a un lugar pensado para trabajar, reunirse, concentrarse o hacer una pausa.

Inspiración
Realidad
Una arquitectura que nace de su entorno
Torre Marenostrum también forma parte de esta historia. Obra de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue y propiedad de Colonial SFL, el edificio fue concebido desde una forma de entender la arquitectura estrechamente ligada al lugar que ocupa.
Su singular volumetría rompe con la configuración convencional de una torre de oficinas y se despliega en distintos cuerpos que se abren hacia el frente marítimo. El vidrio, la luz y las diferentes perspectivas refuerzan esa sensación de continuidad con el paisaje y hacen que la presencia del mar acompañe también la experiencia en el interior.

La Barceloneta demuestra que el lugar desde el que trabajamos puede formar parte de nuestra manera de vivir la ciudad. Su historia, sus calles, el paseo marítimo, la playa y la actividad cotidiana construyen un entorno difícil de separar del Mediterráneo.
Trabajar aquí significa convivir con todo ello también de lunes a viernes: poder acercarse al mar durante una pausa, recorrer el paseo al terminar la jornada o, simplemente, tenerlo presente mientras transcurre el día.
Porque quizá trabajar con vistas al mar no consista solo en lo que vemos desde la ventana, sino en todo lo que sucede cuando salimos por la puerta.