Cada verano nos repetimos el mismo propósito: este año sí o sí, voy a desconectar. Y, sin embargo, a muchos nos ocurre lo mismo. Llega el primer día de vacaciones y aunque el ordenador se ha quedado en casa, la cabeza sigue respondiendo correos, repasando conversaciones pendientes o anticipando lo que nos espera a la vuelta. Cambiamos de lugar, pero no de estado mental.
Quizá el problema sea que entendemos el descanso como si nuestro cerebro funcionara con un botón de encendido y apagado. Pero no es así. Descansar no consiste únicamente en dejar de trabajar, consiste en permitir que nuestro cerebro salga, poco a poco, del modo de urgencia en el que ha vivido durante meses.
La neurociencia nos ayuda a entender por qué esto ocurre. Cuando llevamos mucho tiempo alternando reuniones, mensajes, decisiones y notificaciones, nuestra atención no cambia de tarea de forma limpia. Parte de ella se queda "enganchada" en lo anterior, es un fenómeno conocido como residuo atencional. Por eso, aunque cerremos el portátil, el cerebro sigue ocupado procesando asuntos que ya no están delante de nosotros, porque necesita tiempo para desacelerar.
Y quizá ahí esté la primera lección del verano: el descanso no empieza cuando cierras el ordenador. Empieza cuando consigues cambiar de estado mental. Por eso, cada vez me convence menos esa idea de que en vacaciones tenemos que "desconectar". En realidad, creo que necesitamos justo lo contrario: reconectar.
Reconectar con lo que el ritmo diario deja atrás
Reconectar con nosotros mismos, porque durante el año vivimos tan orientados hacia fuera que apenas escuchamos lo que pensamos o sentimos. Reconectar con el cuerpo, que lleva meses adaptándose a ritmos acelerados, al exceso de pantallas y a la falta de movimiento. Reconectar con las personas, manteniendo conversaciones sin mirar continuamente el móvil. Y reconectar con nuestra atención, probablemente el recurso más valioso —y más escaso— de nuestro tiempo… La lista podría continuar, conectar de nuevo con la naturaleza, con el ritmo lento del tiempo, con la comida consciente…
En mi último libro Hiperdesconexión, hablo de una palabra que me gusta especialmente: presenciar. Tiene un matiz distinto a simplemente estar presente. Presenciar implica ser testigo consciente de lo que está ocurriendo, sin prisas por capturarlo, compartirlo o convertirlo en la siguiente tarea de una lista de To-do´s. También las vacaciones pueden vivirse así. No se trata solo de estar en la playa, en la montaña o viajando; se trata de presenciar ese momento. Porque aquello que no llegamos a presenciar difícilmente deja huella.

Por qué las vacaciones también mejoran nuestra forma de pensar
Y hay otro regalo silencioso que traen las vacaciones cuando realmente descansamos: la perspectiva. Durante el año vivimos tan cerca de los problemas que a veces confundimos lo urgente con lo importante. La distancia física, pero sobre todo mental nos permite observar patrones que antes pasaban desapercibidos, replantearnos decisiones, cuestionar inercias e incluso recuperar ideas que parecían olvidadas. No es casualidad que muchas buenas intuiciones aparezcan caminando, leyendo, contemplando un paisaje o conversando sin reloj. Cuando disminuye el ruido, el cerebro encuentra espacio para conectar puntos que antes no veía.
Para quienes lideran equipos, este cambio de perspectiva es especialmente valioso. Liderar no consiste solo en resolver problemas, sino en hacer las preguntas adecuadas, anticipar escenarios y tomar decisiones con criterio. Y para eso hace falta algo que durante el año escasea: atención disponible y conexión con uno mismo.
Volver diferente es el verdadero objetivo
Quizá el propósito de este verano no sea simplemente volver descansados. Quizá sea volver con una mirada diferente. Haber recuperado la capacidad de prestar atención, de escuchar con calma, de pensar con más perspectiva y de disfrutar sin la necesidad de estar haciendo otra cosa al mismo tiempo. Así que este verano no te obsesiones con desconectar. Date permiso para reconectar con aquello que durante el año queda enterrado bajo la urgencia: tu atención, tus relaciones, tu curiosidad, tu capacidad de asombro…Porque las vacaciones no son un paréntesis en la vida. Son una oportunidad para recordar quién eres cuando el ruido deja de ocuparlo todo. Y quizá ese sea el mejor equipaje que podemos traer de vuelta en septiembre.

Sobre Marta Romo
Marta Romo es Pedagoga, Experta en Neurociencia Cognitiva. Es directora general de BeUp, cofundadora de Neuroclick y coach profesional certificada. Ha desarrollado su trayectoria en consultoría de recursos humanos y es profesora en varias universidades y escuelas de negocio. Además, es conferenciante y autora de libros como Entrena tu cerebro y La mujer líder e Hiperdesconexión.